La iglesia y convento de las Mercedarias Descalzas de la Purísima Concepción (también conocida como «Las Góngoras»)en pleno centro de Madrid, se encuentra desde el siglo XVII el Monasterio de la Purísima Concepción, más conocido por el sobrenombre de Las Góngoras, de la Orden de la Merced y cuya fundación se debe al rey Felipe IV.

MONASTERIO DE LAS GÓNGORAS
Es Don Juan Felipe Jiménez de Góngora, (no confundir con la calle dedicada al poeta Luis de Góngora en la que se encuentra), quien encarga el diseño del convento al arquitecto Fray Manuel de San Juan Bautista y Villarreal.

Es fundado el 21 de enero de 1663; y comienzan las obras el 11 de septiembre también de 1663 bajo la dirección del maestro de obras Juan Barbero. Sin embargo se paralizaron los trabajos el 4 de julio de 1664 por la muerte de su patrono Don Juan de Góngora. Don Pedro Niño de Guzmán, retoma el proyecto tras la nueva licencia concedida por Carlos II el 29 de junio de 1668. haciéndose cargo el arquitecto Manuel del Olmo. En el mismo año de 1668, con la parte principal del convento ya acabada, las religiosas pudieron ocuparlo. Por fin, el 28 de agosto de 1690 es inaugurado el monasterio.

La personalidad barroca de la que hace gala aún hoy día, se la proporcionó el arquitecto Manuel del Olmo, que recibió el encargo de ampliar el espacio conventual en 1669. Olmo proyectó una cúpula-linterna sobre pechinas, que emplazó sobre el crucero de la planta de la iglesia. No obstante, los elementos barrocos están discretamente ocultos al gran público que pasea ignorante de la magnificencia que esconde la fachada neoclásica, ya que permanecen en el interior del templo.

Pero el elemento más relevante del exterior, aunque es necesario contemplarlo a cierta distancia, es la cúpula encamonada, levantada sobre el crucero de la Iglesia. De planta cuadrada y apoyada sobre pilastras toscanas, cuenta con una cubierta realizada con lascas de pizarra sobre la que se apoya una mansarda en cada uno de sus laterales y está rematada por una linterna de planta ochavada

En el crucero, cuatro grandes machones, dotado cada uno de ellos con un retablo, sustentan los cuatro arcos fajones entre los que se sitúan el mismo número de pechinas que sostienen la cúpula. Éstas fueron decoradas en 1688 con las imágenes de los evangelistas y con el escudo de Carlos II por Andrés Fernández Merodio, encargado de las pinturas de San Mateo y San Marcos, y Baltasar de Castrejón, que hizo la de San Lucas y, posiblemente, también la de San Juan



Pintura realizada en el siglo XVII por el pintor granadino Pedro Atanasio Bocanegra.

Retablo de San José, del siglo XVIII, en la hornacina con arco de medio punto, esta la figura del santo sosteniendo al Niño en sus brazos, obra del escultor Luis Salvador Carmona. El retablo, de madera dorada como el resto, cuenta en su ático con una alegoría del Espíritu Santo representado con la figura de una paloma. Por su parte, en la predela, la puerta muestra una pintura con una alegoría del corazón místico de San José.

En los brazos del crucero estan dos tapices enlos que se representan la escena de La fundación de la Orden de la Merced, en la que la Virgen de la Merced entrega el hábito de la orden a San Pedro Nolasco en la Catedral de Barcelona en 1218; se trata de una obra de Justo Garrido realizada hacia el año 1913

Falso tapiz pintado en el que aparece representada la escena de La última redención de cautivos cristianos por parte de San Pedro Nolasco; como el anterior, es una obra del granadino Justo Garrido y está datada de 1913.

Bajo el falso tapiz, vemos una urna de cristal sostenida por columnas salomónicas y rematada por el escudo de la orden mercedaria que protege la bella escultura de un Cristo Yacente, obra de talleres valencianos realizada a finales del siglo XIX y cuyo rostro nos transmite con gran realismo una completa serenidad

Retablo Mayor, obra de Diego Martínez de Arce de finales del siglo XVIII, realizado en madera policromada imitando mármoles y jaspes. Cuenta con banco, en el que vemos paisajes en relieve y emblemas marianos, cuerpo central dividido en tres calles y ático, y se sustenta por columnas compuestas que asientan sobre ménsulas y que sostienen un frontón curvo partido que da paso al ático.
El retablo queda presidido por la escultura de la Inmaculada Concepción que acoge una hornacina cerrada por arco de medio punto; del siglo XVIII, procede de la primitiva fundación conventual, si bien se desconoce su autor. En la parte trasera de la hornacina, hay espejos que, antiguamente, cuando los retablos se iluminaban con velas, servían para aumentar el efecto luminoso de éstas, a la par que los contrastes de claros y oscuros
A ambos lados, hay dos ángeles tenantesque sujetan sendos escudos reales, mientras que dos tallas posiblemente de Juan Pascual de Mena realizadas entre 1760 y 1775 se alzan sobre ménsulas, una de Santa María de Cervelló, cofundadora de la Orden de la Merced, y otra de la beata Mariana de Jesús, una de las santas patronas de Madrid.

Grupo escultórico del Padre Eterno sostenido por ángeles, obra que puede atribuirse también a Juan Pascual de Mena. De él son también los ángeles que hay sentados sobre el frontón, en blanco y en actitud orante, realizado aproximadamente entre 1760 y 1775. Tras ellos, se muestran dos pilastras cajeadas, quedando todo el retablo coronado por un gran resplandor con la paloma representando al Espíritu Santo en el centro, además de querubines entre las nubes

Retablo de San Antonio, obra del siglo XVIII sustentado por columnas compuestas y formado por un único cuerpo más ático.

En el centro, se halla una escultura de su titular, San Antonio con el Niño, atribuida a Luis Salvador Carmona y del siglo XVIII. La imagen se alza sobre una nube flanqueada por dos ángeles y de la cual salen cuatro cabezas de querubines.

En el machón, hallaremos el Retablo de San Pedro Nolasco, fundador de la orden mercedaria. De estilo barroco, fue realizado, como los anteriores, en el siglo XVIII. Su estructura es de madera dorada profusamente ornamentada.

En otro machón se encuentra el Retablo de Nuestra Señora de las Tres Avemarías, que sustituye a uno anterior actualmente perdido.
Bajo un arco de medio punto y entre pilastras, todo ello de madera dorada y con gran decoración, se encuentran tres esculturas que representan los tres privilegios que la Santísima Trinidad concedió a la Virgen que se agradecen, como marca la tradición de devoción mariana, rezando cada día tres avemarías seguidas, y que son: el poder que le dio el Padre, la sabiduría que le otorgó el Hijo y la misericordia que le concedió el Espíritu Santo. En el sagrario, la puerta que lo cierra se adorna con una pintura del Cordero Místico

En el machón de la izquierda vemos el Retablo de Nuestra Señora de la Merced, del siglo XVIII. En el centro, una hornacina acoge la imagen escultórica de dicha Virgen, con el Niño en su brazo izquierdo y un escapulario en la mano derecha; esta talla, según apuntan algunas fuentes, está relacionada con la obra de Juan Pascual de Mena







